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LA TRAGEDIA DE
ESPAÑA (por
Trotsky)
Uno de los más trágicos capítulos de la historia moderna se acerca a su fin en España. Del lado de Franco no hay ejército poderoso ni apoyo popular. Hay sólo propietarios rapaces, decididos a ahogar en sangre a las tres cuartas partes de la población para mantener su dominio sobre la otra. Pero esta criminal ferocidad no habría sido suficiente para asegurar la victoria sobre el heroico proletariado español. Franco necesitaba una ayuda que proviniera del otro lado del frente. Y la ha obtenido. Su principal auxiliar ha sido y sigue siendo Stalin, el sepulturero del partido bolchevique y de la revolución proletaria. La caída de Barcelona, la gran capital proletaria, es el precio directo de las masacres del proletariado de Barcelona en mayo de 1937.
Por insignificante que sea
el mismo Franco, por miserable que pueda ser su camarilla de aventureros, de
gente sin honor, sin conciencia y sin talento militar, la gran superioridad de
franco consiste, sin embargo, en que posee un programa claro y definido: salvaguardar
y estabilizar la propiedad capitalista, el poder de los explotadores y la
dominación de la Iglesia, restaurar la monarquía.
Las clases poseedoras de
todos los países capitalistas, las de los países faxistas tanto como las de las
democracias, han demostrado, como cabía esperar, estar del lado de Franco. En
el campo republicano sólo han quedado los escuderos “demócratas”. Esos señores
no podían desertar y pasarse al lado del faxismo, pues la fuente misma de sus
ingresos y de su influencia residía en las instituciones de la democracia
burguesa que tiene (o tenía) necesidad para su normal funcionamiento de hombres
de leyes, diputados, periodistas, en pocas palabras, de campeones democráticos
del capitalismo. Todo el programa de Azaña y compañía no era otra cosa que
nostalgia de los días pasados y resultaba completamente inadecuado. El Frente
popular recurrió a la demagogia y a las ilusiones para arrastrar a las masas
detrás de él. Consiguió hacerlo durante cierto tiempo. Las masas, que habían
asegurado todos los éxitos anteriores de la revolución, continuaban todavía
creyendo que la revolución iba a llegar a su conclusión lógica, es decir, al
derrocamiento de las relaciones de propiedad y a la entrega de la tierra a los
campesinos y de las fábricas a los obreros. La fuerza dinámica de la revolución
consiste precisamente en esta esperanza de las masas en un futuro mejor. Pero,
señores, los republicanos han hecho todo lo que estaba en sus manos para
pisotear, mancillar y ahogar en sangre las más queridas esperanzas de las masas
oprimidas. El resultado —hemos podido verlo en el transcurso de los 2 últimos
años— ha sido la desconfianza y el odio creciente de los campesinos y los
obreros hacia las pandillas republicanas. La desesperanza o una triste indiferencia han
reemplazado gradualmente el entusiasmo revolucionario y el espíritu de
sacrificio. Las masas han vuelto la espalda a los que las han engañado y pisoteado.
Esta es la primera razón de la derrota de las tropas republicanas. El
instigador de engaños y de la matanza de obreros revolucionarios españoles es
Stalin. La derrota de la revolución española es una nueva mancha sobre la banda
del Kremlin, cargada ya de tantos crímenes. El aplastamiento de Barcelona
asesta un terrible golpe al proletariado mundial, pero también aporta una gran
lección. El mecanismo del Frente Popular español, en tanto que sistema
organizado de mentiras y traición a las masas explotadas ha sido puesto al
descubierto. La divisa “defensa de la democracia” ha revelado una vez más su
esencia reaccionaria y al mismo tiempo su carácter vacío. La burguesía desea
perpetuar su régimen de explotación. Los obreros desean librarse de esta
explotación. Estos son los verdaderos objetivos de las clases fundamentales de la sociedad moderna.
Las miserables camarillas
de intermediarios pequeñoburgueses que habían perdido la confianza y los
subsidios de la burguesía, han tratado de salvaguardar el pasado sin pensar en
el futuro. Bajo la etiqueta del Frente Popular fundaron una sociedad anónima.
Bajo la dirección de Stalin han llegado a la más terrible de las derrotas
cuando las condiciones de la victoria se encontraban al alcance de la mano.
El proletariado español ha
dado clarísimas pruebas de poseer una extraordinaria capacidad de iniciativa y
heroísmo revolucionario. La revolución ha sido llevada a la catástrofe por “líderes”
despreciables y completamente corrompidos. La caída de Barcelona ilustra, ante
todo, la caída de la II y III Internacionales, así como de la de los
anarquistas, unos y otros podridos hasta la médula.
¡Trabajadores, adelante
por un nuevo camino! ¡Adelante por la Revolución Socialista Internacional!
—L. Trotsky, líder bolchevique-leninista
Andreu Nin, traicionó al leninismo/trotskismo, luego fue dirigente del centrista POUM y Conseller de Justícia i Dret en la Generalitat burguesa
Santiago Carrillo, stalinista contrarrevolucionario, en Tolosa, Gipuzkoa







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