Las sádicas tropas españolas colonialista muestran sus trofeos de guerra en Africa.
Los trotskistas atacaron a los republicanos por segir la misma politica colonialista en Africa.
LA GUERRA CIVIL EN ESPAÑA:
5.- El problema colonial y nacional
La monarquía “feudal” había sido no sólo moderna para alentar el origen, desarrollo
y decadencia de la industria y finanzas burguesas, sino también ultramoderna, al embarcarse
en la conquista y explotación de colonias en el estilo más reciente del capitalismo
financiero. El “renacimiento nacional” incluyó la conquista y pacificación de Marruecos
(1912-1926).
Sólo en el desastre de Annual (1921) perdieron la vida 10.000 obreros y campesinos,
obligados al Servicio Militar durante dos años. El coste de la campaña de Marruecos
después de la guerra mundial fue de 700 millones de pesetas. El golpe de Primo de Rivera
fue precedido de alborotos al llamamiento de reclutas y reservas y de motines al
embarcarse. La alianza con el imperialismo francés al año siguiente llevó a la victoria
decisiva sobre el pueblo marroquí. Una administración colonial cruel y asesina explotó a los
campesinos y tribus marroquíes para beneficio del gobierno y de unos pocos capitalistas.
La coalición republicano-socialista gobernó las colonias españolas en Marruecos
como lo había hecho la monarquía, a través de la Legión Extranjera y de los mercenarios
nativos. Los socialistas argumentaban que cuando se diesen las condiciones extenderían la
democracia y las mejoras de un régimen progresista a Marruecos.
Trotsky y sus partidarios calificaron la postura socialista de acto de traición a un
pueblo oprimido. Incluso por la seguridad del pueblo español, Marruecos debía ser
liberado. Los especialmente viciosos legionarios y mercenarios que allí se criaban serían la
primera fuerza en ser utilizada por un golpe reaccionario y Marruecos su base militar. Los
trabajadores debían luchar por la retirada inmediata de todas las tropas y la independencia
de Marruecos, e incitar al pueblo marroquí en este sentido. La libertad de las masas
españolas estaría en peligro mientras las colonias no fuesen liberadas.
La solución a la liberación nacional de los pueblos catalán y vasco era similar a la de la cuestión colonial. El fuerte partido pequeño-burgués Esquerra Catalana tenía su principal
apoyo entre los aparceros militantes, que debían aliarse con los trabajadores
revolucionarios, pero que sucumbieron al programa nacionalista de la pequeña burguesía, la
cual encontró así el apoyo del campesinado contra el papel desnacionalizador del gran
capital y la burocracia estatal española. En las provincias vascas la cuestión nacional, en
1931, tuvo consecuencias aún más serias; el movimiento nacionalista estaba controlado por
los clericales y conservadores y se transformó en el bloque de los diputados más
reaccionarios en las Cortes Constituyentes. Como las provincias vascas y catalanas son las
regiones industriales más importantes, éste era un problema decisivo para el futuro del
movimiento obrero. ¿Cómo liberar a estos obreros y campesinos del control de clases
enemigas?
Los bolcheviques rusos dieron el modelo para la solución: inscribieron en su
programa la liberación nacional y la llevaron a cabo después de la Revolución de Octubre.
La autonomía más amplia para las regiones nacionales es perfectamente compatible con la
unidad económica; las masas no tienen nada que perder con una medida de este tipo, que
en una república de obreros permitirá a la economía y a la cultura desarrollarse libremente.
Cualquier otra postura que no sea el apoyo a la liberación nacional apoya, directa o
indirectamente, la máxima centralización burocrática de España exigida por la clase
dominante, y así será extendida por las nacionalidades oprimidas.
El nacionalismo catalán se había desarrollado bajo la opresión de la dictadura
primorriverista. Así, un día antes de la proclamación de la república en Madrid, los
catalanes habían ocupado los edificios del gobierno y proclamado una república catalana
independiente. Una comisión de los líderes republicanos y socialistas se precipitaron a
Barcelona y combinaron promesas de un estatuto de autonomía con amenazas extremas de
represión; el arreglo final dio a Cataluña una autonomía muy restringida, que dejó a los
políticos catalanes agraviados, hecho que podían utilizar provechosamente para mantener a
sus seguidores obreros y campesinos. Bajo el pretexto de que el movimiento nacionalista
vasco era reaccionario, la coalición republicano-socialista retrasó la solución de esta
cuestión, y otorgó así a los clericales vascos, amenazados por la proletarización de la región,
una nueva influencia entre las masas. Los socialistas, alegando liberarse de los prejuicios
regionales, se identificaban con el punto de vista del imperialismo burgués español. Así, en
todos los campos, la república burguesa demostró ser absolutamente incapaz de realizar las
tareas “democrático-burguesas”de la revolución española. Esto significaba que la república
no podía tener estabilidad; sólo podía ser una corta etapa de transición, que dejaría su lugar
a la reacción militar, fascista o monárquica, o a una revolución social auténtica que diese a
los obreros poder para construir una sociedad
socialista. La lucha contra la reacción y por el
socialismo era la única tarea, y estaba en el orden del día.
—F. Morrow,
La guerra civil en España
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| "Acordaos de las victimas de Marruecos" Donostia, Gipuzkoa, 1923 |