"Temiendo a la revolución más que a Franco, el gobierno estaba subordinando a los obreros vascos y asturianos al mando de la traidora burguesía vasca que rendiría pronto el frente del Norte."
[...] Hemos comentado ya la negativa del Frente Popular a lanzar propaganda revolucionaria para desintegrar las fuerzas de Franco. Pero en el campo de la lucha puramente militar, también el gobierno se negó a combatir a Franco de forma concluyente. Más exactamente, no hay una pared entre las tareas políticas y militares en una guerra civil. Al temer a la revolución más que a Franco, el gobierno estaba amasando fuerzas escogidas de soldados y policía en las ciudades, y, en consecuencia, retirando hombres y armas necesarios en el frente. Temiendo a la revolución más que a Franco, el gobierno estaba llevando a cabo la estrategia de prolongar la guerra, ya que no podía finalizarla decisivamente, mientras se llevaba a cabo la contrarrevolución. Temiendo a la revolución más que a Franco, el gobierno estaba subordinando a los obreros vascos y asturianos al mando de la traidora burguesía vasca que rendiría pronto el frente del Norte. Temiendo a la revolución más que a Franco, el gobierno estaba saboteando los frentes de Aragón y Levante que eran mantenidos por la CNT. Temiendo a la revolución más que a Franco, el gobierno estaba dando a agentes fascistas (Asensio, Villalba, etc.) la oportunidad de vender fortalezas republicanas a Franco (Badajoz, Irun, Málaga).
La contrarrevolución dio tremendos golpes a la moral de las tropas antifascistas. “¿Por qué hemos de morir combatiendo a Franco cuando nuestros camaradas son asesinados por el gobierno?” Este estado de ánimo, tan peligroso en la lucha contra el fascismo, prevalecía tras los días de mayo y era difícil de combatir.
En todos estos días, pues, la política del gobierno estaba haciendo más fáciles los avances militares de Franco. El establecimiento de una república obrera hubiera terminado con toda esta traición, sabotaje y baja moral. Esgrimiendo el instrumento de la planificación estatal, la república obrera utilizaría, como ningún régimen capitalista podría hacerlo, todos los recursos materiales y morales de la España republicana.
Lejos de permitir a los fascistas avanzar, sólo el poder obrero podría llevar a la victoria sobre Franco. [...]
—F. Morrow, Revolución y contrarrevolucion en España
"Etsairik nagusiena gure herrialdean dago!" (Karl Liebknecht)

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